Tecno-thriller, Ciencia Ficción Distópica, Sátira Corporativa, Ciberpunk donde la espectacularización de la guerra, la desinformación mediática y el monopolio tecnológico chocan contra la frialdad de la tecnocracia.
Simon Varese no es un soldado. Es algo mucho más peligroso: es el tipo que escribe el guión de la guerra.
En la Hegemonía, una nación en ruinas gobernada por el rating televisivo, la verdad es un producto que nadie compra. Aquí, los tanques llevan logotipos de bebidas energéticas y las masacres se editan con filtros de Instagram. Simon es el spin doctor estrella del régimen, el hombre encargado de transformar la incompetencia del dictador Damian Cross en épica patriótica.
Pero cuando una operación militar rutinaria se convierte en el meme más humillante de la historia, Simon deja de ser el narrador y pasa a ser el objetivo.
Borrado del sistema y perseguido por sus propios jefes, huye hacia el único lugar prohibido: La Ciudadela. Una utopía tecnocrática de muros blancos y eficiencia brutal donde la emoción es considerada un error de software y los ciudadanos "ineficientes" son reciclados.
Atrapado entre la locura mediática de su hogar y la frialdad inhumana de sus anfitriones, Simon descubrirá una conspiración que amenaza con convertir el odio de la población en una fuente de energía literal. Para detenerla, tendrá que hacer lo único que sabe hacer mejor que nadie: mentir.
Junto a un batallón de soldados desechados y una ingeniera con crisis de conciencia, Simon deberá secuestrar la realidad misma para demostrar que, a veces, la única forma de salvar al mundo es contándole la mentira correcta.
Bienvenidos a la guerra moderna. Sonrían, están en vivo.
Índice de Archivos y Capítulos
TRANSMISIÓN EN VIVO
PARTE I: EL ESPECTÁCULO BÉLICO
Capítulo 1: EL ALGORITMO DE LA FURIA
Capítulo 2: EL MURO DE SILENCIO
Capítulo 3: LA SALA LIMPIA
Capítulo 4: EL CONTRATO SILENCIOSO
Capítulo 5: LA RUTA ESCÉNICA
Capítulo 6: LA AUTOPISTA DE LOS HUESOS
Capítulo 7: EL RATING DEL APOCALIPSIS
Capítulo 8: LA MEMORIA EDITADA
PARTE II: LA UTOPÍA DE CRISTAL
Capítulo 9: EL ZOOLÓGICO DE CRISTAL
Capítulo 10: EL ARTE DE LA BASURA
Capítulo 11: EL VIRUS DE LA RISA
Capítulo 12: LOS DUEÑOS DEL CIRCO
Capítulo 13: LA ACTUALIZACIÓN DE FIRMWARE
Capítulo 14: LA PARADOJA DEL PORTÓN ABIERTO
Capítulo 15: LIQUIDACIÓN POR CIERRE
Capítulo 16: EL FILTRO COGNITIVO
PARTE III: LA OFERTA Y LA DEMANDA
Capítulo 17: EL CONTRATO DE PIEDRA
Capítulo 18: EL TEATRO DE LA PIEDAD
Capítulo 19: LA PAZ INCÓMODA
Capítulo 20: LA REVELACIÓN
Capítulo 21: LA MARCHA DE LAS MADRES
Capítulo 22: CARNE, METAL Y MADRES
Capítulo 23: LA GRIETA
Capítulo 24: CONTROL DE DAÑOS
Capítulo 25: TIERRA BALDÍA
PARTE IV: ADQUISICIÓN HOSTIL
Capítulo 26: SÍNDROME DE ABSTINENCIA
Capítulo 27: LAS RATAS DEL TÚNEL
Capítulo 28: EL SILENCIO DEL MERCADO
Capítulo 29: EL INFIERNO DE SILICIO
Capítulo 30: VÉRTIGO
Capítulo 31: COCCIÓN LENTA
Capítulo 32: EL PRECIO DE LA RAZÓN
Capítulo 33: LA ECUACIÓN INCOMPLETA
Capítulo 34: LA FÍSICA NO NEGOCIA
EPÍLOGO: LA EDAD ADULTA
Lo que dicen los lectores
"Es una mezcla perfecta entre Mr. Robot y la realidad geopolítica actual. Es corta, ácida y muy necesaria para entender el mundo digital en el que estamos metidos. Totalmente recomendado."
Carlos Méndez
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Periodista de profesión, programador por hobby, escritor por pasión. Me mueven las historias donde pasan cosas, las apuestas son altas y hay algo más escondido para rumiar y pensar.
Ubicación: Zona de Exclusión Fronteriza (Lado de la Hegemonía). Sector 4. Hora: 14:00 (Pico de calor y audiencia). POV: Simon Varese.
El aire acondicionado del Centurion-X, un SUV táctico de lujo con blindaje de grafeno y asientos de cuero sintético, murió exactamente a las dos de la tarde.
Simon Varese no se sorprendió. En la Hegemonía, las cosas se diseñaban para verse imponentes en los anuncios holográficos de quince segundos, no para funcionar en un desierto a cuarenta grados centígrados.
Se ajustó el cuello de su camisa —algodón egipcio, trescientos créditos, empapada en sudor— y miró por la ventanilla polarizada. El paisaje exterior era una mezcla obscena de óxido y neón. Pasaron junto a una columna de tanques M-90 "Libertador". Los vehículos, obsoletos hacía dos décadas, habían sido repintados con oro metálico y cubiertos de patrocinadores.
Un logotipo de Thunder-Energy Drink brillaba en la torreta del tanque líder, compitiendo en luminosidad con la bandera negra y dorada de la Hegemonía.
—Maldita chatarra —masculló el conductor, un chico de veinte años con implantes subdérmicos de luz roja en los pómulos—. El sensor de temperatura dice que estamos a veinte grados.
—El sensor miente —respondió Simon. Su voz sonó seca, desprovista de empatía—. Como todo en este país. Baja la ventanilla.
—¿Señor? El protocolo de seguridad del Consultor dice que...
—Baja la puta ventanilla, Jax. O me asfixio o me pegan un tiro. Prefiero correr el riesgo con la bala.
El chico, Jax, presionó el panel táctil sucio. El cristal bajó con un gemido mecánico agónico.
El mundo real invadió la cabina hermética.
Primero fue el golpe térmico, seco y abrasivo como una lija en la garganta. Luego, el olor. Una mezcla compleja y repugnante: diesel mal refinado, carne sintética asada en puestos callejeros, letrinas químicas desbordadas y el aire ionizado picante de los generadores eléctricos sobrecargados.
Simon se puso sus gafas de realidad aumentada Ray-Ban/Meta v.12.
El desierto cobró vida digital. El HUD (Heads-Up Display) superpuso datos sobre la miseria física. Etiquetas de precios flotaban sobre las tiendas de campaña de los "Voluntarios de la Libertad". Banners de apuestas parpadeaban en el cielo azul, ofreciendo probabilidades sobre la inminente ofensiva.
[CUOTA ACTUAL: PRIMERA SANGRE > 1.5X][INVERTIR AHORA]
—Es hermoso, ¿verdad? —dijo Jax, mirando el campamento militar que se extendía hasta el horizonte como un tumor de metal y plástico—. El presidente Cross dijo que esta será la "Guerra de la Restauración". Vamos a recuperar nuestra dignidad.
Simon no respondió. Estaba ocupado analizando la Estructura Lógica del campamento.
Era un desastre logístico. No había letrinas separadas de las cocinas. Las líneas de suministro de munición se cruzaban con las de los camiones de mercadotecnia y souvenirs. Si la Ciudadela quisiera, podría soltar una sola bomba de pulso electromagnético y estos idiotas se matarían entre ellos en la oscuridad antes del amanecer.
Pero la Ciudadela no haría eso. Eso sería ineficiente.
El SUV se detuvo frente al Puesto de Mando Avanzado. No era un búnker. Era una carpa gigante de polímero transparente con aire acondicionado industrial (que sí funcionaba, por supuesto) y un escenario elevado. Parecía más el backstage de un festival de música electrónica que el cerebro de una operación militar.
Simon abrió la puerta. El polvo cubrió sus mocasines italianos al instante.
—Espere aquí —ordenó a Jax.
—¿Voy a entrar en combate, señor? —Los ojos del chico brillaban con esa mezcla peligrosa de ignorancia y testosterona. Tenía un rifle colgado al hombro, pero Simon notó que el seguro estaba puesto y el cargador mal insertado.
—Vas a hacer lo que diga el algoritmo, Jax. —Simon cerró la puerta con un golpe seco—. Como todos nosotros.
Caminó hacia la entrada. Dos guardias pretorianos, vestidos con armaduras corporales que imitaban la musculatura humana en negro mate, le cortaron el paso.
—Identificación —ladró uno. Su casco tenía una visera LED que proyectaba un emoji de calavera animada.
Simon suspiró. Odiaba la teatralidad.
Levantó su muñeca izquierda. El implante NFC bajo su piel emitió un pulso azul.
[ACCESO CONCEDIDO: NIVEL CONSULTOR SENIOR][BIENVENIDO, CIUDADANO VARESE]
Las puertas se abrieron.
El cambio de presión le hizo estallar los oídos. Adentro, el ruido era ensordecedor. Docenas de analistas tecleaban frenéticamente en terminales holográficas flotantes. Pero no monitoreaban tropas. Monitoreaban Tendencias.
Pantallas gigantes de ochenta pulgadas cubrían las paredes.
[TRENDING TOPIC GLOBAL: #MuerteALaCiudadela][SENTIMIENTO DE AUDIENCIA: 89% IRA / 11% MIEDO][INGRESOS POR PUBLICIDAD BÉLICA: +14% (YTD)]
—¡Varese! —La voz retumbó desde el centro de la sala.
El General Kovic avanzó hacia él. Kovic era un hombre bajo, ancho y sudoroso, que llevaba un uniforme con tantas medallas que tintineaba al caminar. La mayoría eran condecoraciones compradas en la tienda de la presidencia: "Orden de la Lealtad al Mercado", "Defensor del Bitcoin", "Cruz del Patriota Viral".
—Llega tarde —dijo Kovic, masticando un cigarro electrónico apagado.
—El transporte falló. Problemas de mantenimiento —respondió Simon, manteniendo el tono neutral.
—Excusas. —Kovic señaló una pantalla táctica—. Estamos a una hora del asalto. Cross quiere resultados. Quiere imágenes. Quiere ver a esos estirados de la Ciudadela sangrar en 4K.
Simon se acercó a la mesa de mapas. No mostraba el terreno físico. Mostraba el terreno cognitivo. Mapas de calor de dónde estaban las cámaras, dónde estaba la mejor luz para la transmisión, dónde se colocarían los influencers de guerra.
—General —dijo Simon, apoyando las manos sobre la mesa fría—. He revisado los informes de inteligencia de la Ciudadela.
—¿Y?
—No tienen infantería visible en el muro. Ni artillería.
—Cobardes —rió Kovic. Miró a sus asistentes buscando aprobación. Todos rieron con un segundo de retraso—. Se esconden. Saben que la furia de la Hegemonía es imparable.
—O saben algo que nosotros no —corrigió Simon. Hizo un gesto y amplió la imagen del muro enemigo.
Era una superficie blanca, impoluta, de treinta metros de altura. Contrastaba violentamente con la suciedad del campamento de la Hegemonía. Era silencio visual.
—Detecto firmas de energía en la cresta del muro —señaló Simon—. Alta frecuencia. No son armas cinéticas.
—¿Láseres? —preguntó Kovic, esperanzado. Los láseres se veían bien en televisión.
—No. Son emisores. Parecen... altavoces.
Kovic soltó una carcajada que terminó en una tos húmeda.
—¿Nos van a gritar? ¿Nos van a leer sus leyes aburridas hasta que nos durmamos? —Se giró hacia sus tenientes—. ¡Preparen a la Primera División de Asalto! ¡Que Jax y los "Hijos de la Furia" tomen la vanguardia!
Simon miró el mapa táctico. En su hoja de cálculo mental, los números estaban en rojo. La incompetencia de Kovic era una deuda con intereses compuestos, y el vencimiento era inmediato. Alguien iba a pagar esa factura con sangre en los próximos sesenta minutos.
—Recomiendo enviar sondas primero —dijo Simon, aunque sabía que era inútil—. Evaluar la amenaza.
—La audiencia no paga por sondas, Varese. Paga por acción. —Kovic se acercó a él, invadiendo su espacio personal. Olía a colonia cara y miedo rancio—. Usted está aquí para optimizar la narrativa, no la táctica. Si mueren, que mueran como héroes. Asegúrese de que las cámaras capten sus mejores ángulos.
Kovic se alejó gritando órdenes.
Simon se quedó solo frente al mapa holográfico. Miró el punto rojo parpadeante que representaba a Jax y su unidad, acercándose a la zona de muerte.
Simon acarició el inhibidor con el pulgar dentro del bolsillo. Podía bloquear la transmisión con un solo toque. Podía salvarles la vergüenza pública a esos chicos, evitar que sus familias los vieran humillados en directo.
Pero su contrato no incluía cláusulas de heroísmo.
Si cortaba la señal ahora, Cross lo interpretaría como sabotaje. Y en la Hegemonía, los saboteadores no iban a juicio; iban a los perros. Simon retiró la mano del dispositivo lentamente. Su cuello valía más que el orgullo de un batallón entero.
Guardó el dispositivo.
—Que empiece el espectáculo —susurró para sí mismo.
Afuera, las sirenas de ataque comenzaron a aullar, mezcladas con dubstep a todo volumen. La guerra había comenzado, y tenía patrocinadores oficiales.